Tenemos a la vuelta de la esquina el sorteo de lotería más esperado del año, en el que más gente juega: el Gordo de Navidad. Es tradición entre mucha gente regalar décimos a familiares o amigos o compartir los billetes de lotería. En nuestro país, la ilusión también se regala.
La mañana del sorteo, el 22 de diciembre, prácticamente todo el país estamos enganchados a la televisión o a la radio. Ya no solo para conocer en tiempo real los números agraciados, sino después de la lotería para ver las reacciones de los premiados. La alegría de los afortunados se contagia, y su felicidad, en cierto modo, nos salpica.
Recuerdo uno de esos años en los que una señora mayor que le había tocado un premio de los grandes dijo que el décimo se lo había regalado a sus hijos. Al escucharla me chocó, pero lo cierto es que es una práctica bastante extendida.
Otra costumbre habitual es la de comprar décimos fuera de nuestra localidad de residencia. Sabemos que la suerte es caprichosa y puede tocar en cualquier sitio. Por esta razón, hay personas que se desplazan a Madrid a comprar un décimo en la Administración de Doña Manolita, al lado de la Puerta del Sol o viajan hasta Sort (Lérida) donde se encuentra la administración de la Bruixa d´or, otra de las administraciones emblemáticas con una larga tradición de premios.
Ya sea por viaje de negocios o de placer, basta que pasemos por una localidad cualquiera del país, que aprovechamos para llevarnos un décimo de lotería.
Internet ha facilitado bastante eso de comprar lotería fuera de casa. Yo sin ir más lejos he comprado un décimo para el Gordo en Lotería María Victoria, una administración de Almería con más de 40 años de antigüedad que ahora también opera por internet. Aunque vivo en Barcelona, si este año el gordo toca en Almería, espero que me deje un pellizco.
Historia del gordo.
La historia del Gordo de Navidad tiene más de dos siglos. Su origen se sitúa en 1812, en plena guerra de la Independencia, cuando Cádiz acogió el primer sorteo como una fórmula para financiar al Estado sin aumentar los impuestos. Aquel primer evento tuvo un premio modesto si lo comparamos con las cifras actuales, pero su aceptación fue inmediata y marcó el inicio de una costumbre que con el tiempo se convertiría en uno de los acontecimientos más esperados de las fiestas navideñas.
En sus comienzos, el sorteo no incluía un premio llamado “el Gordo”. Ese término apareció con los años, especialmente cuando el valor del primer premio aumentó de manera considerable en 1897, pasando de 150.000 a 300.000 pesetas. Este salto cuantitativo hizo que la población lo apodara de esta manera, por ser el premio más grande. Otra teoría señala que el nombre pudo provenir del personaje que anunciaba el sorteo en sus primeros tiempos, conocido como “El Enano Afortunado”, cuya apariencia, recubierta de números y bolas, habría inspirado el apodo que finalmente se trasladó al premio principal.
La palabra gordo en el lenguaje coloquial español también hace referencia a algo grande e importante, por lo que su adopción como nombre del primer premio terminó por asentarse de forma natural. Sea cual sea su origen exacto, la denominación ha perdurado y se ha convertido en un símbolo de ilusión para millones de jugadores cada 22 de diciembre.
El sistema de extracción que caracteriza al sorteo también nació en sus primeros años. El responsable de su diseño fue Ciriaco González Carvajal, ministro de Hacienda, quien ideó un sistema con dos bombos: uno para los números y otro para los premios. Este método, con ligeras variaciones, continúa utilizándose en la actualidad y aporta una identidad propia al sorteo.
Desde aquel primer sorteo de 1812, la Lotería de Navidad ha sido un evento constante, incluso en circunstancias adversas. Se celebró durante la pandemia de la gripe española, en 1918, durante la Guerra Civil, cuando llegaron a celebrarse dos sorteos simultáneos, uno por cada bando, y continuó vigente durante el franquismo, a pesar de la supresión de otras tradiciones. Su permanencia la convierte en el segundo sorteo de Navidad más antiguo del mundo, solo superado por el de los Países Bajos. A lo largo del tiempo, se ha transformado en un fenómeno social que no solo ofrece premios económicos, sino también una tradición que une a varias generaciones.
El gordo en números.
Según explica el portal de Prensa Ibérica, la Lotería de Navidad mueve cada año en España unas cifras impresionantes: alrededor de 3.600 millones de euros en ventas. De todo ese volumen, aproximadamente un 70% vuelve a manos de los participantes en forma de premios, lo que convierte este sorteo en uno de los más generosos del país.
Si miramos lo ocurrido en 2022, el reparto fue especialmente llamativo. El primer premio distribuyó 4 millones de euros por serie, lo que equivale a 400.000 euros por décimo. El segundo premio otorgó 1.250.000 euros a la serie, o 125.000 euros por décimo, mientras que el tercer premio alcanzó el medio millón por serie, es decir, 50.000 euros por décimo. A estos premios principales se sumaron otros muchos que forman parte de la estructura tradicional del sorteo. Hubo dos premios de 200.000 euros por número y ocho de 60.000. Además, la famosa pedrea, que siempre reparte ilusión a miles de jugadores, incluyó 1.794 números premiados con 1.000 euros a la serie, lo que supone 100 euros por décimo.
También hay premios que dependen de la proximidad al número principal. Los números anterior y posterior al Gordo obtuvieron 20.000 euros, y sucedió algo similar con el segundo y el tercer premio, aunque con cantidades menores: 12.500 euros y 9.600 euros respectivamente. A esto se añaden los premios por coincidencias parciales. Si las centenas o las dos últimas cifras de tu número coinciden con los premios mayores, te llevas 100 euros por décimo, igual que en la pedrea. Y aún queda el reintegro, que se concede cuando la última cifra coincide con la del primer premio. Gracias a él, Loterías del Estado destina casi dos millones de euros a devoluciones que permiten recuperar lo jugado o cambiar el décimo por uno para el sorteo de El Niño.
El hábito de jugar también es un fenómeno digno de estudio. El gasto medio por persona ronda los 65 euros desde hace años, variando muy poco incluso en épocas difíciles. Ni la crisis económica de 2008 consiguió alterar esta tradición: en 2009 la media apenas descendió a 61,65 euros. Por supuesto, se trata de una cifra orientativa, ya que hay quienes no compran ningún décimo y quienes invierten varios cientos de euros.
Las diferencias por territorios también son llamativas. En 2022 destacaron las comunidades del norte: Castilla y León superó los 109 euros por habitante, seguida de La Rioja y Asturias, ambas en torno a los 100. En cambio, Baleares registró el menor gasto, con menos de 40 euros por persona.
Historias de Lotería.
El sorteo de la Lotería de Navidad está rodeado de historias sorprendentes que, año tras año, alimentan su leyenda. Tal como recuerda el Diario Información, una de las más llamativas es la de la gasolinera La Chasnera, situada en el municipio tinerfeño de Granadilla. A simple vista, es una estación de servicio como tantas otras: surtidores, una pequeña tienda con refrescos, productos básicos y artículos para el coche. Sin embargo, junto a la caja del mostrador siempre cuelga una tira de décimos que ofrecen como un detalle más a sus clientes habituales. Lo curioso es que ese gesto cotidiano los ha convertido en un auténtico talismán: allí han vendido el Gordo en cuatro ocasiones.
José Ángel, hijo del propietario, explica que no compran grandes cantidades de décimos, porque no son una administración de lotería como tal. Su intención es ofrecer ese pequeño plus a quienes se detienen a repostar. Aun así, la suerte ha querido cruzarse con ellos en varias ocasiones. Tanto es así que muchos habitantes de Tenerife recorren la isla solo para comprar allí su décimo. En el último sorteo, repartieron ocho boletos agraciados, lo que supuso 3.200.000 euros en premios.
La constancia también tiene un papel importante en algunas historias. Una familia de Bilbao, por ejemplo, decidió hace cuatro décadas jugar siempre al mismo número. Lo compran cada semana y varios miembros participan en el ritual, lo que obliga al lotero a reservarles los décimos. Para la Navidad suelen adquirir alguno más, y ese hábito terminó convirtiéndose en una auténtica recompensa: hace unos años consiguieron 4,4 millones de euros, un premio que celebraron como el cierre perfecto de tantos años de fidelidad.
Hay más episodios curiosos en la historia del sorteo, como el de un albañil sevillano que olvidó un décimo en el bolsillo del pantalón de trabajo y terminó descubriendo que había ganado un cuarto premio mientras lo buscaba antes de poner la lavadora.
El sorteo de “El Gordo” es algo tan popular, tan nuestro, que lo consideramos como un acontecimiento más de la Navidad. Como Nochebuena, Nochevieja o la noche de reyes.



