Residencias geriátricas con conciencia en Barcelona

Aunque no disponemos de cifras precisas, se calcula que unas 100.000 personas podrían tener la enfermedad de Parkinson en España. Esta es una enfermedad crónica y degenerativa del sistema nervioso, que provoca rigidez en los músculos, temblores y falta de coordinación.

Como tantas personas mi abuela tiene Parkinson, está muy mayor y hemos decidido ingresarla en una residencia de ancianos, donde recibe los mejores cuidados. Se trata de Benviure, un centro de asistencia geriátrica en Barcelona, que cuenta con el mejor equipo de profesionales con una amplia experiencia, donde mi abuela recibe toda la atención que necesita, de manos de los mejores expertos.

La principal causa de esta enfermedad la tenemos en las neuronas o células nerviosas del cerebro que no reciben la cantidad necesaria de dopamina, fundamental para el buen funcionamiento del cerebro.

Los principales síntomas de esta cruel enfermedad son los siguientes:

  • Temblores localizados en las extremidades y en la mandíbula
  • Rigidez en las extremidades y en el tronco
  • Falta de coordinación y movimientos lentos

Normalmente no se dan casos de la enfermedad de Parkinson antes de los 60 años, aunque existen casos en los que esta enfermedad se ha manifestado a una edad temprana, como le ocurrió al actor estadounidense Michael J. Fox. El destino le gastó una broma pesada al protagonista de tantas películas juveniles, y famoso por su aspecto jovial. Para su diagnóstico el/la especialista ha de realizar un examen neurológico, apoyado por el historial del paciente en cuestión.

La enfermedad de Parkinson en principio no es mortal pero no existe una cura a día de hoy, pero existen medicamentos que pueden mejorar en gran medida la calidad de vida de las personas que la padecen, pudiendo tener una esperanza de vida que el resto de las personas, aunque han de tener en cuenta los efectos secundarios provocados por esta dura enfermedad, como caídas, perdida de equilibrio…

El día a día de una residencia geriátrica

Hemos hablado con una gerocultura acerca de su experiencia en un centro de ancianos.

A las de la mañana, Sabela empieza su jornada laboral. En primer lugar revisan la libreta de órdenes y las curas que han de realizarse. Las personas a las que es necesario hacer curas son las primeras en ser aseadas, y a continuación el resto.

A la 10 de la mañana han de estar en su comedor correspondiente, debidamente aseados y con sus objetos personales de uso diario como dentaduras, pañuelos, gafas, bastones, oxígeno…

Tras el desayuno, los menos dependientes hacen una hora de gerontogimnasia con la animadora. También pueden pintar o hacer otras actividades como el teatro. Ambas son muy buenas para la memoria.

Otras personas prefieren ir a la cafetería, a la peluquería o pasear, ya sea en solitario o acompañadas por pacientes o familiares.

A la una están de vuelta en el comedor. Si es necesario las gerocultoras ayudan a los residentes a cortar los alimentos o a comer, si alguno no puede.

De dos a tres de la tarde es la hora de la siesta, que puede hacerse en la habitación o en otras dependencias donde hay habilitados sofás gerontológicos para que puedan descansar.

El centro de día también ofrece actividades de ocio, lectura, cartas, dominó…

A las cinco y media meriendan, muchas veces acompañados de sus familiares y a las 7 se cena. Sobre las 8 ya empiezan a sentir sueño de nuevo y se les acompaña a sus habitaciones para ayudarles a poner el pijama, quitar dentaduras, poner oxígeno, subir baldas y protectores, pañales…

Sabela dice estar encantada con su trabajo y que no lo cambiaría por nada, ya que el cariño que recibe de los residentes no tiene precio.